Colectivo Juventud entre Tules A.C.

Asociación civil de empoderamiento Juvenil

EL PAPEL DE LA EDUCACIÓN CÍVICA EN LA DEMOCRACIA julio 29, 2011

 La educación cívica es un proceso a través del cual se reflexiona acerca de las normas y los principios que han regulado en el pasado y en el presente las relaciones humanas en las diversas estructuras sociales que ha creado el hombre – la familia, el trabajo, el sistema educativo, el gobierno, etc.-, y promueve la
adopción o consolidación de aquellas normas, principios, valores y actitudes que permiten una mejor convivencia social y la participación e integración del
individuo en la colectividad.

La educación cívica busca desarrollar en los individuos la capacidad de reflexión crítica del entorno y potenciar su sensibilidad y su voluntad para vivir bajo principios éticos y humanistas, tales como reconocer la dignidad, el valor y la autonomía de todos los individuos, el asumir nuestras responsabilidades y deudas con los otros, las virtudes de la empatía (o buena disposición), el uso de la razón para fundamentar nuestros juicios éticos y la disposición al cambio a la luz de  las realidades que se vayan produciendo y a las expectativas futuras.

Hoy la educación cívica pone como punto de partida y llegada al hombre, pero siempre teniendo presente que es un actor social. Busca que el individuo valore los principios de la democracia, como la cooperación, la solidaridad, la responsabilidad y la participación, en cuanto a elementos esenciales para la resolución de los problemas que nos aquejan como sociedad.

En el proceso de transición por el que atraviesa nuestro país, es de vital importancia reflexionar acerca de cuán democráticos somos los mexicanos culturalmente hablando, ya que la vivencia cotidiana de los valores y principios propios de un régimen democrático por parte de la sociedad es indispensable para que la transición sea exitosa y permita que el establecimiento de la democracia sea duradero.

El proceso de transición política fue recibido con entusiasmo por los mexicanos, en particular se conformó una serie de expectativas a partir de 2000 con la  llegada al poder de un partido distinto al que gobernó el país durante 71 años. Sin embargo, a pesar de que la democracia cuenta con una amplia legitimidad, la  confianza en las instituciones está disminuyendo. El escaso avance económico, junto con la corrupción y los escándalos políticos han sido factores para que  la población se desencante por lo público.

Si bien se ha registrado un cambio de actitudes, por ejemplo, respecto a la participación política, la tolerancia, la diversidad, etc., tal cambio ha sido mínimo. De  hecho la posibilidad de apoyar esquemas autoritarios es considerable; para muchos mexicanos, la incertidumbre propia de los procesos de transición  política no es agradable ni aceptable, por lo que consideran que un líder político fuerte que controle la situación del país es bueno o muy bueno, e  incluso hay quienes consideran que tener un gobierno militar resulta adecuado. Así mismo, existe una tendencia a preferir sacrificar las libertades civiles y políticas antes que verse sumidos en la inestabilidad política o económica.

Se puede señalar que la población con menor escolaridad es más propensa a sostener actitudes autoritarias o de intolerancia, mientras que la que cuenta  con mayor escolaridad es más probable que exprese actitudes de apoyo abierto a la democracia. No obstante, entre quienes se muestran propensos a sostener  actitudes autoritarias e intolerantes no se observa una clara diferencia escolar, se encuentran escolarizados y no escolarizados.

Con base en estos datos, es posible afirmar, la importancia de la educación cívica como un instrumento que incida en el proceso de conformación de una  cultura democrática, por la que los ciudadanos comprendan y hagan suyas en la vida cotidiana las ideas, instituciones  y prácticas propias de la democracia, sean ciudadanos activos, conscientes de sus derechos y obligaciones, y sienten las bases para recrear el tejido social y el empoderamiento de la sociedad civil.

Sin embargo, el principal desafío que enfrenta la impartición de la educación cívica en primarias y secundarias es el choque entre la teoría y la
realidad, entre lo que está plasmado en los programas de estudio, lo que se enseña en clase y lo que se experimenta en la vida diaria. Aunque se hace una  propuesta pedagógica basada en el constructivismo, a fin de que los nuevos conocimientos se refuercen de manera vivencial en el aula, la familia, el  barrio, etc., lo cierto es que aún es una realidad generalizada que los niños y jóvenes no viven lo que aprenden.

Incluso, en el aula aún se viven prácticas autoritarias en la relación entre el maestro y el alumno o el grupo, en la relación entre los compañeros,
en la resolución de los conflictos, en el trabajo en equipo e incluso en el juego. En general, los docentes no están capacitados para impartir una
asignatura de esta naturaleza; formados y educados en la vieja cultura, no han vivido –en su mayoría- el cambio mental que se requiere. Muchos alumnos siguen sintiéndose limitados por las maneras impositivas en que el maestro ejerce su autoridad.

La escuela ha tenido históricamente un doble potencial; es un instrumento de adaptación y sumisión, y a la vez un ámbito privilegiado para la emancipación de la ciudadanía. Se encuentra entre la reproducción social y el cambio social. Puede ser un medio que permita la continuidad de viejos valores  y creencias o un medio de transformación mediante la adquisición de nuevos conocimientos y habilidades. “Es una máquina institucional que produce o  reproduce orden y desorden social, que integra a unos individuos y segrega a otros, que reprime y libera, que distingue y homogeneiza, que genera repetición  y diferencia, que forma y conforma”. No obstante, a pesar de la difícil situación del sistema educativo, la escuela ocupa, sin lugar a dudas, un lugar  central en la conformación del tipo de ciudadanía en una sociedad, de ahí la enorme importancia de la educación cívica y ética en las primarias y  secundarias, particularmente las públicas. Pero sería ingenuo confiar en que la propia escuela pública por sí sola, en cuanto institución estatal, recuperará  el espacio social que venía ocupando, cuando desde el propio Estado se amenaza con quebrar su precario equilibrio. Más bien la respuesta tiene que darse desde  la esfera de lo público, es decir, desde la ciudadanía junto con la comunidad educativa.

Así, fuera del ámbito educativo formal hay también mucho por hacer. Los niños y los jóvenes, al observar el contexto social y político del país y al
llegar a su casa, se topan con un contraste respecto a los valores que se impulsan en clase. De ahí que la educación cívica de la población adulta es muy  importante y urgente. El tiempo para aprender durante toda su vida, la educación no es sinónimo de instrucción escolar.

La crisis que se manifiesta a nivel de participación ciudadana es un fenómeno de suma importancia para el análisis sociológico y politológico y que  en el caso de la educación requiere una urgente inclusión y modificación curricular en pro de la generación de un espacio que funcione como puente entre la  formación ciudadana y el ejercicio democrático en el sistema educativo, factor principal para la instrucción de los escolares en materias cívicas mediante las  cuales el concepto de cohesión social funcione como un eje elemental para un proyecto país incluyente en materias de participación cívico-ciudadana.

La importancia de una política educativa que incluya en el currículo la formación ciudadana garantiza una práctica pedagógica democrática a nivel país,  la propuesta educativa ha de considerar el desarrollo de las potencialidades humanas desde la estima de que somos tanto racionales como razonables. Mientras  que lo racional alude fundamentalmente al rigor lógico que se utiliza para alcanzar metas y se ciñe a lo personal; lo razonable alude a la apertura, a la  consideración de los demás, a lo comunal,  a la colaboración, se plantea con ello un proceder más bien razonable para poder generar la apertura colaborativa y participativa entre los miembros.

Sin embargo somos consientes de que la sociedad en la que vivimos nos está enseñando constantemente, todos tenemos la responsabilidad de formar ciudadanos democráticos, pues son las lecciones de la vida cotidiana las que muchas veces perduran. Finalmente, es igual de importante para aprender a ser ciudadano democrático vivir en una sociedad económicamente más equitativa y socialmente más justa. Por bien fundamentados que estén los programas educativos, por más honestos y dedicados que sean los maestros, la democracia no puede simplemente permanecer ajena y contemplar los altos índices de pobreza, la marginación económica y los abismos sociales que existen entre sus ciudadanos. Formar ciudadanos democráticos conlleva también un compromiso ético.

 Nicte-ha Gómez Calleja

Colectivo Juventud entre Tules A.C.

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