“Un presidente prometeico atrincherado en su palacio en llamas murió peleando solo contra todo un ejército, y dos desastres aéreos sospechosos y nunca esclarecidos segaron la vida de otro de corazón generoso, y la de un militar demócrata que había restaurado la dignidad de su pueblo. En este lapso ha habido 5 guerras y 17 golpes de estado, y surgió un dictador luciferino que en el nombre de Dios lleva a cabo el primer etnocidio de América Latina en nuestro tiempo. Mientras tanto 20 millones de niños latinoamericanos morían antes de cumplir dos años, que son más de cuantos han nacido en Europa occidental desde 1970. Los desaparecidos por motivos de la represión son casi los 120 mil, que es como si hoy no se supiera dónde están todos los habitantes de la ciudad de Upsala. Numerosas mujeres arrestadas encintas dieron a luz en cárceles argentinas, pero aún se ignora el paradero y la identidad de sus hijos, que fueron dados en adopción clandestina o internados en orfanatos por las autoridades militares. Por no querer que las cosas siguieran así han muerto cerca de 200 mil mujeres y hombres en todo el continente, y más de 100 mil perecieron en tres pequeños y voluntariosos países de la América Central, Nicaragua, El Salvador y Guatemala. Si esto fuera en los Estados Unidos, la cifra proporcional sería de un millón 600 mil muertes violentas en cuatro años. De Chile, país de tradiciones hospitalarias, ha huido un millón de personas: el 10 por ciento de su población. El Uruguay, una nación minúscula de dos y medio millones de habitantes que se consideraba como el país más civilizado del continente, ha perdido en el destierro a uno de cada cinco ciudadanos. La guerra civil en El Salvador ha causado desde 1979 casi un refugiado cada 20 minutos. El país que se pudiera hacer con todos los exiliados y emigrados forzosos de América latina, tendría una población más numerosa que Noruega”

 Gabriel García Márquez al recibir el premio Nobel de literatura. Estocolmo Suecia, 1982

 

Los  derechos humanos son los derechos generales, inherentes a todo individuo, en todo tiempo y bajo cualquier circunstancia que amparan la condición humana de los sujetos. Son las condiciones mínimas que atemporalmente deben ser respetadas para preservar la integridad y dignidad de toda persona. Los derechos humanos, son espacios y garantías formales de aplicación indistinta y universal, los derechos humanos son entonces, los derechos de todos.

Los derechos humanos no se suscriben a la lógica del derecho positivo. Esencialmente son la sofisticación de los derechos naturales del hombre, en el sentido de su carácter innato, imprescriptible e inalienable, lo que los sitúa antes (y por encima) del Estado como estructura protectora de garantías. Los derechos humanos entonces, no pueden supeditarse los ordenamientos jurídicos estatales, por el contrario, estos ordenamientos deben contribuir a su fortalecimiento y salvaguarda.[1]

El debilitamiento de las monarquías absolutas, la consolidación del pensamiento liberal europeo y las movimientos sociales de emancipación popular contribuyeron a que los derechos humanos adquirieran paulatinamente un carácter declarativo. La promulgación de la Declaración de Derechos (Inglaterra, 1689); así como la Declaración de Virginia (Estado Unidos, 1776) y la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano (Francia 1789) son los primeros antecedentes de la regulación del poder público y de la protección de los derechos de los sujetos[2]

A partir de la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948, el tema de la protección de los derechos de todos comenzó a tener singular importancia en la opinión pública nacional e internacional y se posicionó dentro de las agendas gubernamentales alrededor del mundo, incluso en América[3]. Latina Nunca antes en la historia del hombre, los individuos  y sus gobiernos se habían ocupado tanto por los derechos de los otros. En ningún otro momento o sistema o contexto habían existido tal cantidad de fundamentos jurídicos, leyes, reglamentos, protocolos de procedimientos y declaraciones tendientes al reconocimiento y protección de los derechos básicos de la condición humana. Pero ello no es fortuito, el desarrollo histórico del siglo XX ha dejado de manifiesto que la humanidad de nuestro tiempo atraviesa por una severa crisis de respeto a los derechos humanos[4].

El siglo XX fue el siglo de la hostilidad. Un solo conflicto bélico provocó más cambios geopolíticos que todas las guerras que la humanidad haya vivido hasta entonces; por otra parte, dos naciones mil veces más poderosas que Roma y Egipto y que todos los imperios de la antigüedad juntos, se disputaron el dominio del mundo; además, por primera vez los esfuerzos científicos del hombre fructificaron en un fuerza capaz de destruirlo, el hombre creó durante los últimos cien años los mecanismos necesarios para su desaparición como especie. El siglo XX fue también el siglo del poder; del poder político para ser exactos. Los estadistas de este siglo, durante una sola administración, tuvieron en sus manos el destino de más personas que Alejandro Magno o Pedro el Grande durante toda su vida.

Los resultados del siglo de la hostilidad y el poder fueron altamente negativos en materia de derechos humanos, con particular intensidad en los países de América Latina, por ello la reflexión inicial de Gabriel García Márquez es sintomática; refleja una problemática permanente que de acuerdo a estudios recientes en poco se ha aminorado. En este sentido, el caso de México es especialmente delicado. De acuerdo con el informe anual de Amnistía Internacional (2009) la violación de los derechos humanos en América Latina tienen lugar en cuatro grupos principales: los defensores de derechos humanos, las mujeres y niñas, los periodistas y los migrantes. Ello es, además, un fenómeno de preocupante persistencia.

Por otra parte, según el Informe por país sobre prácticas de derechos humanos, emitido por el Departamento de Estado norteamericano (2009), las principales violaciones a los derechos humanos en nuestro país son, el uso excesivo de la fuerza pública, abusos físicos y psicológicos en los centros de reclusión, detenciones arbitrarias, corrupción, ineficiencia y falta de transparencia en el sistema judicial, confesiones arrancadas mediante tortura, violencia y amenazas contra periodistas, así como tráfico de personas, discriminación contra indígenas y mujeres y explotación infantil. Del mismo modo, documenta un incremento en el hostigamiento a defensores de derechos humanos: más de cien ataques que dejaron 10 muertos de 2006 a agosto de 2009[5].

Pese a la ausencia de cifras oficiales, la realidad nacional demuestra que  la violación a los derechos humanos es particularmente grave en los jóvenes. Hasta diciembre de 2003, según cifras de Amnistía Internacional, se produjeron 370 asesinatos de mujeres jóvenes en Ciudad Juárez y Chihuahua, de los cuales el 40 por ciento fueron perpetrados con violencia sexual, la Comisión Ciudadana contra los Crímenes de Odio por Homofobia por su parte, expone que en los últimos siete años se han contabilizado 648 asesinatos de este tipo cuyas víctimas todas fueron jóvenes.

Actualmente el factor más pernicioso para la garantía de los derechos humanos en nuestro país es la militarización de la vida pública. La utilización de las fuerzas militares para tareas civiles ha incidido en el incremento de las violaciones a los derechos humanos, nuevamente los jóvenes representan uno sectores más agraviados. Los recientes acontecimiento en el norte del país lo exponen con claridad. De acuerdo con la Secretaria de la Defensa Nacional, hasta julio de 2009, por lo menos 934 quejas que le han sido notificadas en su contra, en las que se dijeron afectados por lo menos 888 civiles. En lo que va del sexenio este tipo de denuncias asciende a más de 2000. En Chihuahua por ejemplo,  organismos locales informan haber recibido más de 700 quejas contra actos cometidos en el Operativo Conjunto Juárez, mientras en Michoacán la Comisión Estatal de Derechos Humanos reconoce que en 2009 se registraron más de 400 quejas de abusos por los operativos militarizados realizados en la entidad, mismos que superan al total de quejas presentadas en el año 2008 en el estado.

Destaca también el aumento en el porcentaje de quejas presentadas por civiles, pues según la Sedena esta cifra se ha incrementado de 8 en el mes de diciembre 2006, a 292 en 2007, a 1100 en 2008 y finalmente a 888 en 2009; es decir, ha crecido de 8 civiles quejosos en el primer mes del sexenio, a aproximadamente 120 mensuales en 2009. La Comisión Nacional de Derechos Humanos da cuenta de ello y reconoce que del 2006 a 2007 las denuncias por abusos militares se duplicaron y presentaron un incremento mayor al 330% para el 2008 con relación al año anterior.

La protección y promoción de los derechos humanos ha sido un tópico que se ha insertado de manera accidentada y con resistencias en las agendas de gobierno de América Latina. La transición democrática y la consolidación de proyectos alternativos en la zona han posibilitado la construcción (paulatina) de esquemas sistémicos que garantizan los derechos de todos. de ahí que en países como Venezuela, Brasil y Argentina se trabaje de manera tan intensa en los llamados derechos humanos de segunda generación. El caso mexicano, lamentablemente, dista mucho de ello. La realidad de México en materia de derechos humanos no es paralela sino adyacente. Mientras otros países latinoamericanos han logrado una transición política que ha catalizado el reconocimiento de los derechos humanos, el sistema político mexicano ha experimentado un marcado retroceso en la materia.

En este panorama poco favorable, el papel de la sociedad civil organizada tiene primacía. La mayoría de los señalamientos respecto al quebranto de los derechos y el abuso del poder público provienen de las organizaciones no gubernamentales. En México por ejemplo el aumento de los excesos militares ha sido un tema insertado en las esferas de discusión por los ciudadanos. De ahí que la tarea de la sociedad civil y sus organizaciones sea reforzar esfuerzos en la materia, concretamente en la promoción y defensoría de los derechos de los grupos más vulnerables. Las sociedades latinoamericanas que hoy nos aventajan al respecto, en algún momento y bajo condiciones parecidas también atravesaron este momento y sin embargo continuaron adelante. Su capacidad en el trabajo posibilitaron que hoy los resultados sean (sustancialmente) palpables.

Eduardo León Correa

Comisión de Derechos Humanos

 COJETAC

Artículo que aparecerá en el número 3 de la

Revista INCONSCIENTE del COJETAC


[1] Cfr. Otero, Parga Milagros, “Réquiem por los derechos humanos” en Dignitas Revista del Centro de Estudios de la Comisión de Derechos Humanos del Estado de México. Segunda Época, N° 11, enero marzo 2010 p. 49

[2]Cfr. Barrios, Ana Graciela, Pablo Fernández y Enrique González “Historia de los Derechos Humanos” Serie Tener derechos no basta, Nº. 8. Programa Venezolano de Educación-Acción en Derechos Humanos (Provea). Venezuela, 2008. p. 15- 16

[3] Cfr, Zalaquett, José “Proceso de transición a la democracia y Políticas de Derechos Humanos en América Latina” en Presente y futuro de los Derechos Humanos, Instituto Interamericano de Derechos Humanos, Costa Rica, 1998. p. 2

[4] Cfr. Cisneros, Isidro ”El siglo XX: el siglo del odio” en, El Siglo XX entre el respeto y la Violación a los Derechos Humanos” CNDH. México, 2009. p. 28

[5] La importancia de este informe radica en su alto contenido oficialista. Difícilmente el Departamento de Estado atiende cifras aportadas por organizaciones no gubernamentales. El documento completo disponible en: http://www.state.gov/g/drl/rls/hrrpt/2009/wha/136119.htm

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