Articulo publicado en la Revista Virtual  FUCRE – SIENDO  Tercer Sector, Año 1, no. 1. Enero – Abril 2011

http://funcresac.org.mx/revista-no-1/book/1?page=1

Insertos en contextos que nos conducen y llevan a la desesperanza, a la desilusión, a la angustia, a la paralización y al miedo colectivo; agobiados por información desmovilizadora, parcial, sesgada y excluyente; enfrentados a instituciones públicas inmorales que simulan, engañan, corrompen y violan los derechos humanos; cierta parte de la ciudadanía ha logrado diseñar, estructurar y organizar proyectos alternativos, autónomos, capaces de recuperar las esperanzas, los ánimos, las utopías y las ilusiones que se habían perdido o en el mejor de los casos se habían diluido.

            Por todos es conocido que las estructuras e instituciones estatales en la actualidad enfrentan dificultades que les imposibilitan atender  el conjunto de exigencias ciudadanas. En este mismo sentido, dichas instituciones afrontan riesgos internos y externos que difícilmente pueden superar y retos que en la mayoría de los casos se atienden con discursos bien intencionados y declaraciones pragmáticas y voluntaristas.

            Ante esta situación de crisis estructural y contextual, las organizaciones de la sociedad civil y los movimientos sociales han tenido desde sus inicios un rol fundamental para abordar el conjunto de incertidumbres, riesgos, peligros y ambigüedades colectivas a las que nos enfrentamos, ya que a través de la solidaridad y la auto-organización se han responsabilizado y han tomado acciones para enfrentar y solucionar las necesidades compartidas y problemas colectivos que las instituciones y agencias del Estado ha dejado de atender.

            El concepto de sociedad civil a lo largo de la historia ha tenido interpretaciones, significados y acepciones diversas, e incluso en algunos casos encontradas, sin embargo actualmente se entiende por sociedad civil a aquellas organizaciones que mediante la auto-organización libre buscan un fin común, la mayoría de las veces no lucrativo, no político y no religioso.

            En México el dato sobre el número de organizaciones civiles no es del todo claro, con base en datos de CEMEFI, en 2007 había registradas ante el INDESOL 5489 organizaciones en el país,[1] por otro lado con base en el documento “Informe sobre la democracia en México, 2009” para el mismo año de 2007, había 5732 organizaciones civiles registradas y unas 5000 más no registradas,[2] para este año según declaraciones de funcionarios del Instituto Nacional de Desarrollo Social hay más de 12 mil OSC registradas que ya cuentan con Clave Única de Inscripción (CLUNI).

            Sin embargo las cifras anteriores no nos dicen nada si no analizamos detalladamente los periplos y las andanzas que tienen que atender las organizaciones de civiles que verdaderamente se auto-organizan y no dependen de un padrinazgo político o empresarial.

Dichos peregrinajes y peripecias son entre otras cosas; difíciles por la inexperiencia que en la mayoría de los casos caracteriza a los integrantes de dichas agrupaciones en sus inicios; son complicadas por la falta de apoyo, información y/o orientación hacia los grupos que están interesados en constituir una asociación civil; son arduas debido a la desconfianza que existe en gran parte de la población hacia las organizaciones ciudadana; son peligrosas por los temas que muchas de ellas atienden y que el statu quo no quiere abordar, ni cambiar; son desgastante por los caminos que hay recorrer para conseguir volver sustentable el proyecto colectivo; pero lo más importante, son satisfactorias ya que permiten apoyar, solidarizarte, conocer y comprender de mejor manera la realidad lacerante a la que nos enfrentamos la mayor parte de la población mexicana.

            Como muchas otras organizaciones civiles, los miembros del Colectivo Juventud entre Tules A.C.[3] en sus inicios no tenían por objetivo constituir una agrupación ciudadana, sin embargo, el contexto de exclusión, simulación, intolerancia, y discriminación de las autoridades municipales, así como el conocimiento de las carencias, necesidades y  limitantes que enfrenta las comunidades,  ocasionaron que como jóvenes comprometidos con nuestros semejantes buscáramos ser un canal a través del cual la voz de nuestra comunidad fuera escuchada.

            A través de las acciones que hemos diseñado e implementado,[4] hemos tratado de generar vehículos institucionales de exigencia, empoderamiento juvenil y en menor medida de movilización, que posibiliten que las juventudes exijan el respeto a sus derechos y promuevan el posicionamiento de sus propios intereses como los de  sus comunidades en la agenda pública local.

            Para lograr lo anterior, al interior del COJETAC los proyectos de incidencia social juvenil que hemos diseñado e implementado han buscado construir y fortalecer  capacidades organizativas dentro del Colectivo y a la vez posicionar temas de relevancia que no están en la agenda de gobierno municipal.

            Ahora bien, la construcción de capacidades y habilidades organizativas no lucrativas que coadyuven a satisfacer y llevar a buen puerto nuestra misión, han girado en torno a fomentar un trabajo ético y solidario de parte nuestra hacia las necesidades y valores de vida comunitaria, a través de proyectos productivos de incidencia directa en comunidades y de la utilización de las TIC´s, como una herramienta para difundir y propagar los aprendizajes, logros, inconvenientes y desafíos que como organización del tercer sector enfrentamos.

            Sin embargo, algo de lo más grato que hemos obtenido al fomentar de forma colectiva la construcción de capacidades al interior del COJETAC es la sustentabilidad organizacional que nos ha permitido, desde nuestra perspectiva, fortalecer la presencia del tercer sector a nivel municipal, a través de acciones, alianzas y dinámicas con otras organizaciones que realizan un trabajo verdaderamente ético y comprometido con la sociedad; en este sentido creemos que hemos podido fortalecer la calidad de vida de cierta parte de las juventudes al planear y ejecutar programas de incidencia social en  beneficio de su desarrollo, ya que dichos proyectos han tenido como premisa fundamental considerar a las juventudes como sujetos de derechos.

            Empero la construcción de capacidades y habilidades organizativas no sólo se ha quedado al interior del COJETAC, sino que la hemos entendido en términos colectivos, hacia afuera, es decir, los programas han estado orientados a  involucrar y provocar en los beneficiarios el cuestionamiento y rechazo de prácticas antidemocráticas y asistencialistas; y en cambio hemos fomentado la exigencia de los derechos que como ciudadanas y ciudadanos tenemos, por lo mismo buscamos que las juventudes beneficiadas con los programas que ejecutamos se vuelvan actores y actrices estratégicos del desarrollo de sus comunidades para así crear seguridad y productividad en sus colonias o barrios a las que pertenecen, dejando atrás el paternalismo, asistencialismo y control político-gubernamental que se realiza a través del otorgamiento de particularismos antidemocráticos y antiéticos.

      Desde nuestra perspectiva, situada en la sociedad civil organizada, varios retos son los que tenemos que enfrentar de manera colectiva, por ende la importancia y relevancia de la construcción de capital social, así como de habilidades y capacidades organizativas, sin embargo uno de los retos más importantes que debemos atender como organizaciones civiles, es la necesidad de crear, pensar, diseñar y ejecutar programas que inciten la participación activa, constante y permanente de nuestros adolescentes y juventudes, ya que el futuro que se percibe si se mantiene la crisis estructural actual no es nada alentador.[5]

            Por ende concluimos que aparte de la necesidad de fomentar y examinar las interconexiones naturales de las redes sociales locales y globales, y de la impostergable profesionalización de todas las organizaciones verdaderamente comprometidas con un cambio social, necesitamos impulsar proyectos de incidencia social con perspectiva de género y juventud, que permitan ofrecer contextos de seguridad, desarrollo, democracia, y respeto a los derechos humanos de las nuevas generaciones de mexicanas y mexicanos.

 

Soc. Víctor Daniel García García


[1] Recursos públicos federales para apoyar las actividades de las Organizaciones de la Sociedad Civil. CEMEFI-INDESOL, México, 2007. Documento en PDF.

[2] Informe sobre la democracia en México, 2009. “Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades”, No. 21. Primer semestre de 2009. Págs. 186-225. Documento en PDF.

[3] El Colectivo Juventud entre Tules A.C. comienza actividades como grupo juvenil no constituido en febrero de 2008, constituyéndose legalmente el 9 de diciembre de 2009 con apoyo del IMJUVE. 

[4] Hasta el momento tenemos cuatro proyectos de incidencia social juvenil apoyados: 1) Campaña Ciudadana de Promoción del Ejercicio al Derecho al Voto Juvenil razonado “Juventud con Voz = Juventud con Rostro”; 2) Curso Taller de Medio Ambiente “Educación, Capacitación, Concientización e Involucramiento de las y los jóvenes en el manejo del Medio Ambiente en el Municipio de Tultitlán”; 3) Curso Taller en Género “Fomentando la equidad e igualdad de género: Sensibilización en género y masculinidades en las y los jóvenes del Municipio de Tultitlán”; 4) Educación Informal “Consejería Juvenil Toltelpocayotlan”.  

[5] Crisis estructural que dentro de sus características más sobresalientes se encuentra la exclusión, marginación y discriminación de sus juventudes, ocasionando con ello falta de políticas públicas con perspectiva juvenil que atienda las necesidades de este sector poblacional tan relevante en términos demográficos.

Anuncios