Artículo próximo a salir en el número 4 de la Revista Inconsciente

Dentro de las formas de masculinidad tradicionales se pueden encontrar aquellas ideas que colocan a los varones como guerreros, salvadores, descubridores, fundadores, científicos, inventores, novios, esposos, amantes y padres, entre otras representaciones, que ellos mismos han construido y moldeado a su imagen y semejanza.

Son estas formas de masculinidad tradicional, las que hoy día están siendo desmontadas gracias a las críticas que emprendieron las feministas y el feminismo; a su vez cuestionan la organización social genérica basada en el patriarcado y proponen una nueva construcción del mundo y  de la sociedad con fundamentos en la igualdad, la democracia, la justicia, la equidad y la libertad. Es así como hoy día la identidad masculina se encuentra inmersa en un proceso de cambio cultural donde sus principales referentes socioculturales van quedando en desuso.

En las sociedades contemporáneas, las mujeres que antes eran vistas como objeto a conocer se transforman en sujeto cognoscitivo. Este proceso, no tiene consecuencias única y exclusivamente para las mujeres; como reacción, el hombre, los hombres, el ser humano masculino, comienza a ser visto, entre algunos sectores de la sociedad, no como el modelo, el representante de la especie, sino como una parte de ésta. Como una construcción social más, marcada por las relaciones de género.

En resumen: se cuestionan las cualidades que debe esgrimir el hombre. La forma como debe comportarse y actuar en sus relaciones con las mujeres. Se exigen nuevos patrones de comportamiento.

Hasta aquí, parece que todo marcha bien, pero  ¿qué sucede cuando estos cambios, estas nuevas exigencias se viven como inalcanzables para muchos hombres?

La sensación para muchos de ellos es de pérdida de poder, de control privado y público, tanto en el terreno económico como en el político, pero fundamentalmente en el campo de lo simbólico. Un poder que hasta ese momento les venía dado por el simple hecho de ser varones y que los situaba en el campo de los dominadores. La identidad masculina se siente amenazada, cuestionada por las mujeres.

Ante este escenario las respuestas masculinas van a ser variadas, y aunque se alinien al discurso (más que a las prácticas de igualdad), se construyen por otro lado formas de resistencia al cambio. Una de estas “respuestas” es la aparición de lo que se denomina “movimiento de hombres” (movimiento gay, movimiento profeminista o antisexista, movimiento de terapia masculina y el movimiento supremacista vinculado a la extrema derecha). En el se incluyen diversas perspectivas y posicionamientos ideológicos; desde las cercanas a las diversas corrientes de pensamiento del movimiento feminista, hasta las directamente enfrentadas con ellas que reivindican una vuelta a los valores más rancios y tradicionales.

¿Qué hacer ante este escenario? La Nueva Masculinidad es una opción.

Roberto Romero Landeros

Comisión de Equidad y Género

COJETAC

 

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