Artículo próximo a salir en el número 4 de la Revista Inconsciente

A lo largo de los siglos, una pléyade de filósofos y teóricos políticos han disertado respecto a las formas de gobierno que una comunidad se puede dar. Dichas reflexiones han girado básicamente en torno a un par de propuestas dicotómicas: aquellas que consideran como fundamental la participación directa de la población para la organización de los gobiernos; y aquellas que destacan las formas de organización política basadas en un pequeño grupo o camarilla de personas, las cuales controlan el poder político y por ende determinan la organización jurídico-política de la sociedad.

En este sentido, el nombre que se ha dado a las formas de gobierno que toman en cuenta o provocan una participación activa, constante y directa de la población en general en la estructuración de los órganos de gobierno es la democracia, la cual se puede entender como el gobierno del pueblo.

                Ahora bien, la coyuntura actual, principalmente la que se vive en medio oriente, ha renovado el debate y el análisis en torno a la importancia de considerar a las mujeres y los hombres -entendidos estos como ciudadanas y ciudadanos- en la formación y creación tanto de las instituciones, como de las normatividades que regulan la acción cotidiana.

Lo que se viven en medio oriente es en definitiva una ola democratizadora, caracterizada por la exigencia de libertades y derechos que regímenes autocráticos inmorales han negado. En este sentido, algo de lo que más destaca de estas movilizaciones es la participación activa, constante, permanente y directa de miles de jóvenes mujeres y hombres progresistas, los cuales han enarbolado banderas que parecían estar enterradas y olvidadas como producto de la fuerte represión que dichos regímenes autocráticos ejercían.

                Los movimientos de transición política con aspiraciones democráticas que se han presentado en Tunez y en Egipto y que ahora son emulados en Bahrein, Argelia, Yemen o Libia no hubieran podido conseguir sus objetivos sin la fuerza, el vigor, el ímpetu, las estrategias, el arrojo, y la sabiduría de los  miles de jóvenes que se han apropiado de las calles, que han creado símbolos y significados de renovación para el espacio público, y que en muchos casos han sufrido vejaciones, violaciones, e incluso la muerte.

Las acciones de las juventudes tunecinas y egipcias que han vivido por décadas en regímenes cleptocraticos y que han decidido terminar con los sátrapas, dictadores y autócratas, son un ejemplo a seguir, son referentes de compromiso, de acción congruente y decisión que actualmente muchos otros jóvenes que viven en países con regímenes similares han comenzado a emular.

                En México, la coyuntura actual es muy similar,  ya que si bien existen ciertas variables típicas de los regímenes democráticos, muchas otras situaciones están lejos de permitir alcanzar plenamente un desarrollo y crecimiento compartido, en este contexto, las juventudes mexicanas han sido una de las franjas poblacionales que más han sufrido de desatención y simulación tanto gubernamental como de la sociedad civil organizada.

                Los movimientos de transformación sociopolítica que se presentan en medio oriente, los cuales basan su fuerza en las acciones, practicas y procesos renovadores de las juventudes ansiosas de construir escenarios en donde sus demandas y exigencias sean atendidas como un prioridad gubernamental, y donde se fomente a plenitud un desarrollo y crecimiento compartido deben ser un ejemplo a seguir por las juventudes mexicanas, las cuales, en su gran mayoría se encuentran en un letargo debido a la serie de mediaciones improductivas que emanan  de los medios de (des)información como de mediaciones de corte político que nos llevan a la inacción, la división y desmovilización a través entre otras cosas de un miedo infundado.

                En México varios son los espacios geográficos en donde  las juventudes  junto con la población en general han tomado conciencia de su situación de exclusión, discriminación y explotación por parte de un pequeño grupo, en estos espacios geográficos el miedo va dejando paso a la organización, la solidaridad y la exigencia de derechos, en estos espacios del contexto mexicano las juventudes están  tomando un rol relevante, ahora falta involucrar a las y los jóvenes que por sus condiciones económicas y políticas –principalmente- son reacios a poyar causas de desarrollo y crecimiento igualitario y compartido.

 

Víctor Daniel García G

COJETAC

 

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