En días recientes, en el ámbito político se presento una iniciativa del ejecutivo federal para modificar la Ley de Seguridad Nacional, la iniciativa busca que el ejecutivo pueda tener atribuciones y  control sobre las fuerzas armadas para hacer frente y debilitar a las bandas del crimen organizado o a situaciones que “amenacen la paz” a través de operativos militares, en otras palabras, la iniciativa busca legitimar la propuesta ilegitima  de mantener al ejercito en las calles sin necesidad de rendir cuentas a nadie.

Ahora bien, en este orden de ideas es importante reflexionar sobre el concepto de seguridad nacional, lo anterior para entender bien a bien que significa este concepto, para en un segundo momento valorar la iniciativa  del ejecutivo y la ponderación que le da a otras variables intimamente relacionadas con el fortalecimiento de la seguridad nacional, como por ejemplo la generación de oportunidades de desarrollo y crecimiento de la población mexicana, en donde están insertas  las juventudes.

En la literatura política, sociológica y de las relaciones internacionales existe una gran variedad de artículos y ensayos especializados sobre la temática. Si realizáramos una revisión de algunas de las propuestas académicas respecto a la noción de seguridad nacional tendríamos que reflexionar sobre el concepto a partir de contexto diferentes; en un primer lugar está el concepto de seguridad nacional “tradicional”, en donde los Estados entienden su seguridad a partir de la defensa de su territorio de la agresión y/o invasión de otros Estados (noción
compartida hasta el fin de la guerra fría); por otro lado está la noción re-conceptualizada de seguridad nacional, la cual pone atención a los “nuevos” sujetos sociales que afectan y transgreden la seguridad y la paz, entre estos “sujetos colectivos” están las bandas del crimen organizado y/o los terroristas, sin embargo para ésta noción re-conceptualizada de seguridad nacional, el acento no se encuentra puesto simplemente en aspecto de corte policiaco-militar, sino que lo más relevante es la “integralidad”, es decir, considerar aspectos y variables que influyen directamente en el crecimiento y desarrollo de las franjas poblacionales, para la noción contemporánea de seguridad nacional los aspectos sociales, culturales, educativos, de salud, ambientales son de igual o incluso de mayor relevancia que los asuntos de corte policiaco militar.

Ahora bien, hecha esta sucinta diferenciación es interesante ponderar la iniciativa realiza por el ejecutivo encaminada a modificar la Ley de Seguridad Nacional, la cual por si misma deja de fuera la integralidad ya que las agencias administrativas consideradas para su aplicación son de corte meramente punitivo. La iniciativa presentada en días pasados busca darle atribuciones legales al ejecutivo para manejar y controlar a las fuerzas armadas, dicha propuesta servirá desde el punto de vista institucional para profundizar el combate a las bandas del crimen organizado y así aumentar su debilitamiento y eventual desaparición así como para salvaguardar la paz y el orden social, lo relevante aquí es reflexionar sobre la poca (casi nula) atención que se pone a variables que podrían fortalecer verdaderamente  la seguridad nacional.

Para el caso de interés de esta organización,  las iniciativas emanadas del ejecutivo deberían estar orientadas en otro sentido, deberían estar enfocadas a promover y potenciar aspectos de índole social, económico, ambiental, educativo y/o
cultural que incidan directamente en la construcción de contextos incluyentes, participativos, democráticos, equitativos,  de formación y aprendizaje para la infancia, adolescencia y juventud, lo que debería de preocupar en el poder ejecutivo y
legislativo es diseñar iniciativas, proposiciones y/o leyes orientadas a proteger los derechos humanos de la población en general, poniendo énfasis particular en los derechos humanos de las y los jóvenes.

El seguir considerando a la seguridad nacional desde un punto vista unidireccional, guerrerista, policiaco-militar, sólo fortalecerá el contexto de violencia institucional-social-criminal que actualmente vivimos en México, las iniciativas ejecutivas y/o legislativas encaminadas a fomentar la violencia encubierta de seguridad no tienen  la capacidad de re-generar el tejido y la solidaridad social, elemento fundamental para poder desterrar el contexto de violencia, así como el desarrollo y crecimiento compartido de la población, por lo mismo es necesario comenzar a
repensar la noción de seguridad nacional a partir de fomentar y generar espacios donde las juventudes encuentren satisfechas sus necesidades más inmediatas en el ámbito laboral y educativo; contextos donde las mujeres jóvenes puedan romper los estereotipos y brechas de género que se siguen reproduciendo; contextos donde las juventudes encuentren oportunidades de desarrollo y crecimiento en la economía formal posibilitando con esto la disminución de la inserción de las y los jóvenes en las bandas del crimen organizado (narcotráfico, trata de personas, prostitución de menores, venta de órganos, esclavitud).

La seguridad nacional no se consigue a partir de una visión guerrerista, no se alcanza considerando descontentos sociales y/o populares como amenazas a la seguridad, el orden y la paz, no se logrará ignorando y no atendiendo el bono demográfico con el que actualmente cuenta México, no se conseguirá si no se elimina el feminicidio y juventicidio; la seguridad nacional se consigue cuando todos los sectores y clases sociales de una comunidad política encuentran satisfechas y garantizadas en un mínimo sus necesidades vitales y culturales a través de acciones institucionales democráticas, incluyentes y éticas, la seguridad nacional se consigue con una visión  pluridimensional, resaltando el aspecto social y relegando el aspecto militarista-policiaco.

Víctor Daniel García García

Colectivo Juventud entre Tules A.C.

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