Artículo próximo a aparecer en el núm. 5 de la Revista Digital Inconsciente.

Hace apenas dos décadas el sociólogo norteamericano Herbert Altschull, señaló que “como instrumento de control social, la radio y la televisión son quizá los más efectivos que se hayan concebido”[1]. Dicha reflexión parte del reconocimiento de una realidad incuestionable, la primacía de los medios de comunicación masiva en la configuración social del siglo XX.

Sin embargo esa realidad se encuentra inconclusa. Se sigue construyendo. Está en permanente evolución. Tanto así que hoy en día el dominio de los medios de comunicación tradicionales está en duda. De manera sigilosa las redes sociales han constituido una estructura cuasi-paralela y están próximos a competir en notoriedad y cobertura con cualquier otro medio de comunicación, incluso con los más  nombrados
sellos editoriales, radiofónicos o televisivos.

 

Facebook la nueva Torá.

 

Las redes sociales son una novedosa plataforma tecnológica que posee un framing[2]
característico, el cual no se basa en el sesgo de los contenidos sino en la multitud de los mismos, lo que provoca que sólo algunos asuntos destaquen y el resto pase inadvertido entre la inmensidad de temas existentes.

El caso más representativo es Facebook, red social creada en 2004 por el programador judío  Mark Zuckerberg y que hasta mayo de 2011 contaba con más de 650 millones de usuarios en todo el mundo. Su popularidad marca un precedente en los fenómenos de preferencia de las sociedades modernas, por ejemplo, se calcula que uno de cada trece habitantes del planeta tiene una cuenta en Facebook y si éste fuera un país sería el tercero más poblado del mundo. Se calcula también que diariamente Facebook tiene más usuarios en línea que todos los espectadores que tuvo la televisión durante sus primeros 20 años de vida.

En 2010 en una barda frente al Estadio Millerntor en Hamburgo Alemania, casa del FC St. Pauli -equipo de futbol muy popular entre las esferas intelectuales europeas- se podía leer: “Derzeit die wichtigste jüdische Buch ist Facebook, nicht die Tora” algo así como; “Hoy en día el libro judío más importante es Facebook y no la Torá“. Irreverencia aparte, estemensaje refleja la importancia alcanzada por Facebook en las sociedades actuales, significativamente dentro de las sociedades occidentales ilustradas, podríamos decir que si bien esta red social no es “el libro judío” más importante, sí es el más popular. Al menos así lo demuestra su proyección, la cual ya ha rebasado el ámbito privado y se ha insertado exitosamente en el ámbito público,
particularmente como una herramienta para la construcción de opinión pública.

Se ha incrementado el número de dependencias de gobierno e instancias  administrativas públicas, en todos los niveles, que utilizan esta herramienta con fines de comunicación. Ello se debe a que privilegia la prontitud e interactividad de los usuarios alrededor de los asuntos. En el ámbito político, el espacio primario de la vida
pública, el uso de las redes sociales aunque sigiloso, ha sido efectivo para el  posicionamiento de asuntos en momentos coyunturales. Por ejemplo, junto con
Twtter (una red social similar pero proyectada para dispositivos de  comunicación móviles), Facebook fue un factor determinante para la victoria  electoral de Barak Obama en Estados Unidos. Durante la campaña de 2008 el uso  de las redes sociales permitió al candidato del Partido Demócrata establecer de  forma ágil circuitos de comunicación alternativos con los electores y con ello  tomar el control de la agenda electoral. En Latinoamérica, donde a partir de  las condiciones económicas el uso de las redes sociales es más reciente y disperso,  es una figura política la que concentra el mayor número de seguidores en  Twtter, el presidente de la República Bolivariana de Venezuela Hugo Chávez  Frías con cerca de 600 mil seguidores.

 

Un instrumento de mediana consecuencia.

No obstante, el que las redes sociales tengan una vasta capacidad de difusión y exposición no significa que su alcance sea total. No al menos para los asuntos impulsados por los ciudadanos. El investigador bielorruso Evgeny Morozov sostiene que Internet y las redes sociales allí contenidas son un instrumento de amplio alcance pero de limitada contundencia para participar en las áreas estratégicas de la vida
pública. Aunque sin duda son mucho más cómodas que las acciones políticas
concretas, no poseen la misma efectividad. En su artículo “The revolution will not be twittered” explica que la base de un activismo ciudadano serio, con posibilidades reales de repercusión social, son las relaciones humana entre los militantes de una causa y el establecimiento de una jerarquía para organizarse, y que las redes sociales al carecer de interactividad real y de jerarquía efectiva tienen pocas posibilidades de
incidencia. De acuerdo con Morozov, las redes sociales son para los ciudadanos
un buen instrumento de exposición de asuntos pero no de transformación social[3].

La premisa de Internet como un agente definitorio del cambio social es falsa. La popularidad que esta idea ha ganado recientemente, incluso dentro de importantes círculos académicos, es consecuencia de una sobrevaloración contextual, derivada de la novedad del producto. Si bien es cierto que se sitúan como un instrumento
innovador, por ejemplo para exponer el carácter de algunos asuntos con los que
se pretende formar la agenda pública, las nuevas tecnologías no son un
instrumento suficiente para construir acciones sociales de trascendencia.
Pueden dilatar la visibilidad de los asuntos entre la comunidad y construir
opinión pública alrededor de un asunto o personaje, pero son todavía
estructuras de sueva consecuencia.

Giovanni Sartori también cuestiona la supremacía de la red, afirma que Internet y sus redes sociales no reemplazarán a la televisión, del mismo modo que ésta no reemplazó
a la radio, por el contrario, cada cual atiende a públicos diversos[4]. En lo que refiere a medios de impulso de asunto hacia la agenda no existe una evolución sustitutiva sino complementaria. De ahí que Herbert Altschull, señalará décadas atrás que “los periódicos y las revistas no se han vuelto obsoletos en absoluto, a pesar de la disminución de sus circulaciones y de una proporción menguante de sus ingresos publicitarios, son –todavía- un factor determinante en el reconocimiento de los problemas sociales”[5].

De tal forma que las redes sociales no son otra cosa que el subterfugio del momento, un fenómeno posmoderno de trascendencia social cuestionable y un limitado instrumento para resolver problemas públicos concretos. La historia reciente del mundo –y la de América Latina con particular seriedad- demuestran que las transformaciones sociales atraviesan por la movilización y no por la simple exposición de posturas. Es la calle y no la red el escenario donde se desarrolla el mundo y
donde se definen los cambios sustanciales.

Eduardo León Correa.

Colectivo Juventud entre Tules A.C.


[1] Altschull, J. Herbert.
“Agentes de poder, la influencia de los medios informáticos en los asuntos humanos”. Longman. New York.1984 P.135

[2] En su libro “Setting the Agenda: The Mass Media and Public Opinion” de 2004, McCombs desarrolla el concepto de “framing”, el cual alude a la selección y el énfasis que los medios conceden a las características de un tema, y a la
abierta promoción en el público de una particular evaluación sobre dicho tema.

[3] Y es que son los hombres y no las maquinas los generadores del proceso social. En su libro “The Net Delusion: The Dark Side of Internet Freedom”, Evgeny Morozov
advierte que Internet y sus redes sociales pueden, contrario a lo que se cree, ser utilizadas para fortalecer el status quo, al ser una “válvula de escape” (virtual) del enfado social. Los ciudadanos trasladan su descontento a la red y no a la calle. Bajo esa lógica las redes sociales serían un sofisticado instrumento de control social. Constituirán, de hecho, el primer gran paradigma de control social del siglo XXI.

[4] La preocupación de Sartori se enfoca particularmente en el uso que las futuras
generaciones darán a Internet. El autor reconoce a Internet como un “instrumento multitarea” con tres grandes usos: prácticos, de entretenimiento y con fines de crecimiento cultural. Éste último –avizora Sartori- será el menos afortunado, ya que la red no puede producir conocimiento por sí sola, el poseer contenidos formativos no garantiza educación, y es que el Homo-videns ya estará formado por la televisión cuando se enfrente a la red. La primacía del video sobre el sujeto impedirá un aprovechamiento lúdico de la red de tal forma que ésta será simplemente un espacio (vastísimo espacio, por cierto) para perder el tiempo. Cfr. Sartori,Giovanni. Op. Cit. pp. 59, 60, 63 y 66.

[5] Altschull Herbert. Op. Cit. P.,140

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