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@cojetac_ac

Sin lugar a dudas una de las franjas poblacionales que será determinante en el resultado de las próximas elecciones es la población juvenil, tanto por su influencia como por su participación directa. En este sentido distintas voces se han manifestado en medios escritos, radiofónicos y televisivos argumentando que lo que se vive actualmente en México con las movilizaciones juveniles, estudiantiles y de la sociedad civil, representan una primavera mexicana la cual abreva de las manifestaciones que a nivel mundial se han presentado exigiendo cambios y transformaciones no sólo en la forma sino en el fondo de hacer política, pero también abreva de las luchas que los últimos cincuenta años a protagonizado el pueblo de México y que han sido reprimidas y silenciadas por quienes ahora se venden como paladines y defensores de la democracia.

Las voces que se han escuchado en México encuentran como tema de reflexión común la presencia de mujeres y hombres jóvenes de procedencia social y económica diversa, en movilizaciones y acciones directas que buscan cambiar, transformar y modificar prácticas orientadas a mantenerse y reinstalarse en el poder, que en la mayoría de los casos se muestran antidemocráticas, excluyentes, inequitativas y desiguales. Una de las prácticas que más ha sido cuestionada a través de las redes sociales, de las movilizaciones juveniles y por parte de la sociedad civil es la que caracteriza al duopolio televisivo y que se puede describir en un manejo discrecional, sesgado e inmoral de los contenidos noticiosos que se les transmite a la mayor parte de la sociedad mexicana. Para las juventudes de hoy, que se emparentan más al ritmo del cambio y que están íntimamente relacionadas con las tecnologías de la información y la comunicación, el manejo parcial y sesgado de la información por parte de las dos principales televisoras es inaceptable, intolerable, insostenible y antidemocrático.

Aunado a la exigencia de la democratización de los medios,[1] las movilizaciones ciudadanas donde convergen jóvenes, estudiantes, amas de casa, trabajadores, infantes, investigadores, adultos mayores, organizaciones civiles, también están dirigidas a cuestionar y oponerse al proyecto que representa real y objetivamente el retorno de un régimen político caracterizado por la represión, la persecución, las desapariciones, el nepotismo, la corrupción, la simulación, es decir, el retorno de una  clase política autoritaria, la cual a través de campañas mediáticas se trata de mostrar diferente, renovada, juvenil, demócrata, pero que en los hechos representan las mismas prácticas de décadas pasadas.

Frente al agenciamiento del sujeto juvenil caracterizado por la innovación de formas de participación e incidencia directa sobre la vida pública-política que ha posibilitado la construcción colectiva de un conjunto de propuestas de transformación y cambio en las estructuras informativas anquilosadas, varias voces han comenzado a tratar de deslegitimar, criticar y cuestionar la organización y participación activa y militante de las juventudes, bajo supuestas mesas de análisis las televisoras y los medios alineados a las mismas están en una continua campaña de golpeteo, minimización y desinformación de los objetivos que buscan las movilizaciones juveniles y de la sociedad civil.

Por lo mismo un punto importante para reflexionar sobre las movilizaciones juveniles y de la sociedad civil que estamos presenciando, podría darse en un debate respecto al tipo de valoración que la sociedad en su conjunto le está dando a estas expresiones colectivas. Por un lado tenemos la “valoración negativa” hacia el movimiento que una parte de la población evidencia y que emana principalmente desde las instituciones hacia donde está dirigida la crítica y las propuestas de cambio, entiéndase duopolio televisivo e institutos políticos que intentan restaurar el viejo régimen político. Por otro lado está la “valoración positiva” hacia el movimiento que viene dada por parte de las generaciones más jóvenes de mujeres y hombres, de estudiantes, investigadores, organizaciones civiles, amas de casa, trabajadores despojados de sus empleos y que evidencia el rol tan importante y fundamental que está cobrando la participación juvenil y ciudadana en la transformación de las dinámicas de concentración de poder e información. Por último se presenta la “valoración ambivalente” que refleja una falta de simpatía pero también una falta de rechazo al movimiento estudiantil y ciudadano.

En resumidas cuentas, las movilizaciones juveniles que iniciaron con una exigencia de democratización de medios han tenido la capacidad de poner en la agenda temas que por su importancia estratégica para mantener el statu quo no habían podido ser cuestionados y abordados; ya no sólo es el rechazo a la imposición de un candidato a través de campañas publicitarias huecas, vacías de contenido, de sustancia, sino que el movimiento juvenil contestatario ha tenido la capacidad de posicionar en el debate nacional, en las redes y en la calle temas de una relevancia fundamental para la democratización verdadera del régimen político mexicano y para lograr lo anterior, el agenciamiento del sujeto juvenil ha sido fundamental. Las movilizaciones no son hechos aislados, la participación de las juventudes está en las calles de todo nuestro país, su exigencia es clara, no a la imposición del viejo régimen. Democratización aquí y ahora.

Soc. Víctor Daniel García García


[1] La democratización de los medios fue el tema que permitió la génesis del actual movimiento ciudadano, derivado de lo anterior actualmente el movimiento impulsado principalmente  por jóvenes y estudiantes reivindica un conjunto de demandas como: derecho a la información y derecho a la libertad de expresión; no al abstencionismo, no al voto nulo; acceso a internet universal entendido como un derecho constitucional efectivo; instauración en todos los medios informativos de instrumentos que aseguren el interés social en los contenidos; entre otros.

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