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Rubén Rosas Alejandro Longoría[1]

 

Artículo próximo a aparecer en el número 8 de la Revista Digital Inconsciente.

 

El bono demográfico es una categoría que describe el fenómeno de transición demográfica en el que la población en edad de trabajar es mayor que la dependiente, lo que plantea grandes posibilidades y potencialidades productivas.

En México, las juventudes o las personas entre 14 y 29 años de edad representan más de un tercio de la población total, lo que no sólo haceBono Demográfico -COJETAC- evidente este bono, sino que teóricamente nos coloca en franca posición de crecimiento y desarrollo acelerados.

No obstante lo anterior, y según datos de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, del universo de desocupados en el país, el 53% lo integran personas en estos rangos de edad. Si a ello agregamos que en diferentes entidades menos del 50% de jóvenes se encuentran en posibilidades de cursar el nivel medio superior y que, universidades como la UNAM –la más grande en el país- sólo reciben en cada periodo de selección a menos de un 5% de aspirantes, el escenario se vuelve cada vez más sombrío y complejo para entender esta potencialidad del bono demográfico, pues si no trabajan y no estudian gran parte de estas juventudes, ¿en dónde están mientras el tiempo corre? Debemos poner el acento en la variable tiempo pues recordemos que según la CONAPO, es una categoría que se centra en una transición etaria.

Si las juventudes no estudian y no trabajan ¿cómo es que se genera esta potencialidad productiva? Esto, debido a que el modelo económico permanentemente nos angustia con la necesidad de obtener credenciales, habilidades y capacidades para estar en circunstancia de integrarnos a los circuitos productivos, y no digamos en la mejor posición, sino únicamente estar dentro.

Ahora bien, si en el contexto más o menos estático las circunstancias no pintan un clima favorable ni para las juventudes ni para la población nacional en su totalidad, debido a que el desarrollo estructural en el mediano y largo plazos depende, en gran medida, de lo que se destine justo ahora para las juventudes, el escenario coyuntural es todavía más desalentador por las recientes y las próximas reformas federales.

Tales reformas, como la laboral, han entrado en vigor y aunque pronto para juzgarlo, no han logrado generar en la población esta percepción de alivio, quizá y todo lo contrario. Aunado a ésta, en los medios de comunicación, que no en las industrias de la información -televisoras, radio y prensa- se especula con la forma de la privatización de Pemex y se discute sobre gravar medicinas y alimentos entre otras.

Todas estas medidas son de interés nacional en tanto que sus implicaciones no son ajenas a la población. En caso de privatizar Petróleos Mexicanos los recursos de su venta no sabremos con exactitud en donde terminarán, lo cual no es el peor escenario, sino que el Estado se desharía de una de sus principales fuentes de ingreso, obligándonos a preguntar de dónde se obtendrán los recursos compensatorios.

En cuanto a gravar alimentos y medicinas, es tan simple como agregarle a cada elemento que integra nuestra dieta diaria un 16% de gasto extra. Así que en un esquema de tres comidas por día, nada más tenemos que pensar en un 48% de gasto agregado y ni qué decir con las enfermedades.

En suma, el futuro no es muy alentador para el país, pero mucho menos para las juventudes, debido a que, si hoy en día es difícil mantener una matrícula de menos del 50% en el nivel medio superior, es probable que esta cifra disminuya aún más en términos proporcionales, ya que tanto en nuestros imaginarios como en los del Estado, lo importante en México es lograr la educación básica, esto es, hasta la secundaria.

El nivel medio superior, en este contexto, es prescindible, por lo que no será de extrañar que muchas familias decidan emplear los recursos antes destinados a los estudios de las hijas e hijos, en las necesidades más apremiantes del núcleo familiar.

Pero el bono es una categoría que se centra en un hecho real, estos casi 40 millones de jóvenes existen y día a día buscan opciones de supervivencia, y así se lograra, en un voto de confianza a las reformas del Estado, integrar a los mercados laborales y/o al sistema educativo a 30 millones de ellos, de cualquier manera tendríamos a casi 10 millones a la deriva o en riesgo absoluto, pues la otra variable que no hemos tomado en consideración es que el crimen organizado desde hace varios años se convirtió en una salida para la supervivencia de diferentes sectores de la población tanto urbana como rural independientemente de la edad.

Se hace hincapié que este, en todo caso, fue uno de los mejores escenarios tomando en cuenta las circunstancias actuales; si siguiéramos las tendencias que han caracterizado al régimen, más allá del partido en funciones, la realidad inmediata para las juventudes es simplemente aterradora.

 


[1] Sociólogo por la UAM-Azcapotzalco. Especialista y maestrante en Estudios Urbanos por la UAM Azc. Investigador y desde 2006 se especializa en temas de seguridad pública y violencia en instancias de gobierno. Contacto: r.rosas@cojetac.org y rubeser@yahoo.com

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