Soc. Viviana Miranda González

“Terminé por confundir el hacerse adulto y la resignación ante

La Cosa… La cosa estúpida de las vanidades, la cosa ignorante de la

competencia, la cosa imbécil del cebo, el deber ser, más el de tener

 que existir, con grasa en las tripas y mierda en los ojos.”

Camille de Toledo

 

¿Es la juventud una etapa de esperanza y oportunidades? ¿Lo es acaso porque la biología de nuestros cuerpos dicta una fuerza física superior a la de los ancianos (sic)? ¿Corresponde a la biología a una actitud? O por decirlo de otra forma ¿Es la juventud una edad mental? Como quiera que sea, son muchos los términos, lineamientos y criterios que marcan una etapa de la vida: infancia, adolescencia,logotipo_cojetac joven adulto, adulto, ancianos… desde la biología, la psicología, la sociología y hasta la política, nos encasillarán en un grupo del cual estaremos brincando de uno en otro, siendo esto o aquello, teniendo que ser aquello o lo otro, debiendo hacer esto o eso, algo así como “comportarnos de acuerdo a nuestra edad” “hacer lo que tenemos que hacer”. Concretamente en juventud no me pregunto ya qué es lo que debemos hacer, eso me lo dicen y lo oigo a cada rato en todos lados (familia, televisión, amigos, etc.) me pregunto más bien qué es lo que podemos hacer y qué es lo que queremos hacer.

 

Bajo roles  y cánones sociales impuestos, somos un sector al que se le demanda demasiado y al que se le ofrece muy poco. Los adultos mayores – al menos los de cierta época, creo yo- solían decir en un tono romántico y con el aire de nostalgia de quien extraña los ayeres  “’¡Ah juventud, divino tesoro!” y seguro que lo sigue siendo en algunos criterios, mis miras han de ser muy cortas, pero ciertamente el tesoro de la juventud, lo veo solo en el aspecto físico, en aquello de que no te duelan las rodillas, ni que te de alguna reuma cuando la tarde se pone fresca, porque aunque bien parece, tenemos un “mundo de posibilidades” vuelvo a lo mismo… ¿Qué podemos y qué queremos hacer? Las generaciones actuales nos encontramos en situaciones que, en la mayoría de las veces, nuestros padres y abuelos no enfrentaron. Problemas económicos siempre ha habido, pero muchos miembros de las generaciones de nuestros padres y abuelos, no lidiaban con una búsqueda de empleo por más de tres meses. Existía un patrón de vida muy homogéneo que representaba, a medias tintas quizás, un panorama cómodo y seguro: conseguir un empleo, hacer antigüedad, ir pagando una casita o departamento, tener un auto, casarte, tener hijos, envejecer, jubilarte y de ahí ya veías que hacías al retirarte. Había uno que otro paria social –un aventurado diría yo- que disentía de ese esquema y optaba por otro rumbo de vida, pero ¿qué pasa 20 años después? ¿el patrón de vida sigue siendo el mismo? ¿sigue siendo el más aceptado y el más seguido? El legado de nuestros padres y abuelos, nos dejó también los resultados de Avándaro, Tlatelolco 68, minifaldas y rock n’ roll ¿contracultura, revolución, moda? Cada quien podrá verlo como elija verlo, el punto es que heredaron una sociedad que decía a los jóvenes de la época y de generaciones posteriores que se podía disentir, que se valía decir “no” a esto y que “sí” a lo otro.

 

Con el dilema de la elección viene el dilema del compromiso y la responsabilidad  y los escenarios para las juventudes se transforman de tal forma que los esquemas de vida tradicionales comienzan a perder sentido. Cuando los esquemas vigentes – y ya aceptados- comienzan a transformarse, se evidencia el rechazo por los valores y criterios que constituían tal esquema, pero la evidencia de las nuevas preferencias no es tan clara; es decir, lo que no se quiere es lo más nítido, lo que no lo es tanto, es donde comienza a fallar la brújula.

Nuestros escenarios actuales no solo son diferentes (acceso a educación y empleo, edad de matrimonio, posibilidades de adquirir una vivienda propia, etc.) pero también lo es la visión y perspectiva de las juventudes actuales.  Sin dar más rodeos, quiero centrarme en dos puntos: El presentismo, asociado a lo que llaman el “Síndrome de Peter Pan” y la ausencia de sustitución del patrón de vida anterior en sustitución por el patrón de vida actual.

 

En el primer punto concretamente, el Presentismo,  esta especie de neologismo – que en realidad no es tan nuevo, lleva ya algunas décadas de existencia y de evidenciarse como “tendencia”- se refiere a un término que ubica al joven como sujeto del presente, preso de la inmediatez. Un culto al presente, a vivir el momento que transcurre sin pensar en el futuro.  Sumergidos en la inmediatez, los planes para el futuro – que según está “tendencia” quien sabe cuando llegue – se demoran, o simplemente no se contemplan, por ello que un trabajo estable no representa el mayor atractivo, y mucho menos, lo de que de esa actividad deriva: estabilidad laboral, y compromisos con gastos a largo plazo, como la adquisición de una vivienda, automóvil, emancipación, etc. El que exista tal tendencia, como estilo de vida, no considero que sea solo resultado de una “cultura” consumista que promueve a la juventud como un eterno sin responsabilidades; considero que lo que hay detrás, es en realidad muy evidente, y que se trata de una realidad poco prometedora.

 

A cifras de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la tasa de desempleo juvenil en México es de 9.7 por ciento. Al cierre de 2012, el 52. 5% de mexicanos de 14 a 29 años se encontraban sin trabajo, de acuerdo a la encuesta nacional de ocupación y empleo, dicha cifra representó 52.5 por ciento del total de desempleados en el país (La Jornada, Agosto 2013). De acuerdo a las cifras de este año de los aspirantes a Licenciaturas de la UNAM, de 126, 753 aspirantes al nivel licenciatura de una de las Universidades más demandadas del país, solo 10, 916 fueron seleccionados (La Jornada, Abril 2013). Asimismo  44.8% de  los jóvenes ocupados de 25 a 29 años, con estudios profesionales terminados, laboran en  ocupaciones no profesionales, y en los jóvenes con un estrato socioeconómico bajo este porcentaje aumenta a 60.4% (INEGI: 5, 2013). Frente a escenarios de desempleo y falta de acceso a la educación ¿cómo no pensar en la inmediatez y en el aquí y en el ahora? No es que seamos desahuciados sociales pero sí creo que también es un factor determinante en ser hijos del presentismo y volverse menos planificador del futuro. Ahora bien, ante estos escenarios, se encuentra también el denominado Síndrome de Peter Pan, término psicológico forjado en la década de los 80’s por el psicólogo Dan Kiley, que refiere –  en pocas palabras-  a las personas, sean jóvenes o no, que se niegan a crecer. Cabe mencionar que no tocaré este “síndrome” desde la perspectiva psicológica y lo que a esta área concierne, sino desde la perspectiva sociológica y su concepción en la esfera de lo social, sin atribuir particularidades de los individuos. Visto desde la esfera social el “joven Peter Pan” es aquel que retarda los compromisos y responsabilidades asociados a la etapa adulta, así, encontramos a los siempre jóvenes eludiendo responsabilidades de empleos, formar una familia y todos aquellos compromisos de largo plazo que centran hacia la supuesta estabilidad social y afectiva de un individuo, pero ¿es el Peter pan del siglo XXI un siempre joven por elección o por coerción? Bien, sin señalar culpables ni eludir responsabilidades de cada individuo ¿no hay ciertas características de las sociedades globalizadas y neoliberales que hacen que muchos jóvenes adultos se sumen a las filas de los “Peter Pan” al grado tal de haber ya generaciones bajo esta “tendencia”? y aquí me remito a una de mis preguntas planteadas al principio de este documento: ¿Qué podemos y qué queremos hacer? Es decir, si un joven que no ha tenido acceso a la educación y un empleo más o menos estable con una remuneración, más o menos, justa al igual que estable ¿por qué habría de empezar a adquirir responsabilidades que demandan más de lo que puede cumplir? Considero yo, que por salud mental, es preferible no atribuirte compromisos de esa magnitud, muchas veces aunque tengas un empleo, no sabes por cuánto tiempo te va durar y si te embarcas con el crédito de vivienda… pues… ahí te verás correteado por los pagos mensuales, aún sin empleo… y ni que decir de tales deudas si has emprendido la aventura de ser madre o padre. El presentismo y el joven Peter Pan, considero, son el resultado de nuestra realidad actual, consecuencias de procesos políticos, sociales y económicos que derivan en jóvenes desempleados, indecisos y con poca esperanza hacia el futuro. La decepción de empleos mal pagados para jóvenes con educación superior, así como la propia inmediatez de los empleos – sobre todo ante los escenarios de la reciente reforma laboral- (contrataciones temporales, dudosas renovaciones de contrato, menores prestaciones, etc.) generan en las juventudes “problemas” como los Peter Pan, dando origen también, a los despectivamente llamados NiNi’s, pero si en el contexto actual, nuestro gobierno Ni ofrece educación Ni ofrece empleo… ¿quién es el NiNi?

 

Vaya, es muy común la demanda del “¡ya madura!” pero así como se nos ha enseñado a cumplir con las obligaciones que se nos atribuyen, ¿no es que también tengo derecho a elegir lo que mejor se ajuste a mis necesidades y así elegir con que obligaciones cumplir? Queremos juventudes responsables y comprometidas (la pregunta es con qué o para quién), que trabajen, que estudien, que paguen impuestos, que salgan de casa de sus padres antes de los 30 y que vivan entonces las presiones y frustraciones de cumplir con tales expectativas que muchas veces son de carácter social y que el individuo termina por apropiarse de tales, convirtiéndolo por antonomasia en el miembro de la sociedad homogénea, industrializada y económicamente productiva. La sociedad sobre el individuo. La masa sobre la persona. Aceptas lo que hay, con el sueldo que te dan porque no te queda de otra. Y entonces creamos, quizás, juventudes insanas con aumento de trastornos afectivos como la depresión y ansiedad derivadas de factores sociógenos.

 

Asimismo, y concerniente al punto de los patrones de vida anteriores y contraposición a los actuales. Me refiero concretamente a que el esquema de vida de casarte, tener hijos, evidentemente, bajo el hecho de que tenías un empleo estable y con sueldo que te alcanzaba para cumplir con ese esquema de vida, esta siendo mayormente rechazado, más no del todo sustituido, así con los valores que iban de la mano con el esquema previo. La vida en pareja, formar una familia (antes de los 30 era una exigencia para las mujeres, porque sino se “quedaban a vestir santos”) no está siendo solo pospuesta, pero también “rechazada”, desde luego no en su totalidad, pero si en una representativa cifra, que figura ya, en un cambio en el esquema de vida. Con la perspectiva de género, así como con el cambio de patrones en la economía (como ya se mencionó, en escenarios de altas cifras de desempleo), las juventudes actuales ya no se casan tan pronto y fácilmente con estas expectativas de vida, desean también viajar, estudiar más, ahorrar y “conocer el mundo” antes de iniciar aquella prometedora vida de la madurez y los compromisos de un adulto. Además de la realidad a la que nos enfrentamos actualmente, que en palabras de la OIT refiere a lo siguiente: “los empleos seguros, que en una época eran lo habitual para generaciones anteriores –por lo menos en las economías avanzadas– han pasado a ser más difíciles de conseguir para los jóvenes de hoy” está en evidencia también esta nueva realidad “la generación que hoy es joven ha cambiado respecto de la anterior: tiene capacidad de reflexión y de crítica. Es tan diversa que no se deja llevar” (Sosa Grajales en La Jornada, Agosto 2013).Y como consecuencia del cuestionar, tenemos también nuevas generaciones que no desean seguir el camino ya trazado y recorrido por nuestros progenitores, y bien, a veces, es apreciado y otras condenado, pues el camino más recorrido es el que siempre se nos señala como opción de vida. Supongo que ni uno, ni otro es malo y que depende de lo que cada quien elija, pero es eso justamente lo que a las juventudes se les debe permitir sin juicio alguno: elegir lo que quiera y lo que a sus necesidades convenga y abrir las posibilidades a los escenarios actuales y ofertar opciones viables a las juventudes actuales, a todas. Porque así como en las ciudades es, relativamente común, ver los escenarios que en el presente documento están señalados, los escenarios de las juventudes en condiciones de pobreza experimentan situaciones un tanto distintas. Es posible que el escenario rural y pobre sea, incluso más duro, pues niños y jóvenes han resentido más la falta de acceso a educación, la escases de recursos económicos y el desempleo. Pues los niños y las juventudes de estos contextos, ante la falta de empleo en el campo o, incluso, también por el cambio de preferencia (y el ya no querer ser empleados de sus padres en el campo) y bajo el deseo de “mejores expectativas” económicas y de vida, migran a las ciudades – en el mejor de los escenarios-  o lo que es peor, se unen a las filas del crimen organizado… en fin, el tema de las juventudes rurales, pobres e indígenas es un tema en sí mismo, sería sujeto de un artículo  propio, de momento, en este documento queda como punto de apertura a la reflexión sobre las múltiples  aristas desde las que puede apreciarse a las juventudes mexicanas y sus problemáticas.

Finalmente, si la juventud es el divino tesoro, los jóvenes somos entonces ricos, y deberíamos serlo, deberíamos ser ricos al tener una gama de opciones que nos permita, por una parte, cumplir con los roles que nos asignan por la edad – por aquello de que hay que cumplirle a los padres, al país, a los amigos y a toda una sociedad- y por otra, opciones que nos permitan ser sujetos individuales y capaces de tomar nuestras propias decisiones.  Muy personalmente, creo que es ahí donde reside una de las tantas dimensiones de la madurez, forjar una identidad propia y no la que se nos dicta. Ya para terminar, me queda una duda más. Sí. Otra, la siguiente: ¿No será que las demandas hacia nuestros jóvenes deberían ser mas incluyentes y adecuarlas a la realidad actual y no al marco impuesto a la etapa adulta, impuesta ya hace décadas? O cambiamos la realidad, o nos adaptamos a ella.

 

Fuentes de consulta:

 

 

 

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